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Un poco de historia
El Observatorio Monte Ayora nace en 1980 con la intención de estudiar los fenómenos observables producidos por la materia interplanetaria, desde la formación de los planetas o las estrellas, hasta los desprendimientos que llegan a nuestra atmósfera, principalmente los meteoros, cometas y asteroides, en un intento de profundizar en el conocimiento astronómico.
Los cometas son `capsulas temporales' que contienen materia del sistema solar primitivo que no ha sido alterada desde hace miles de millones de años. Ya que las estrellas fugaces son pequeños fragmentos de cometas, su estudio puede ayudarnos a comprender la formación del sistema solar. Por otro lado, la pequeña masa de los meteoros hace que las fuerzas que actúan en el sistema solar se manifiesten mucho más rápidamente sobre ellas que sobre los planetas, por ejemplo. Esto nos permite mejorar nuestra comprensión sobre la dinámica del sistema solar.
Misión
En el espacio interplanetario existen infinidad de pequeños cuerpos de dimensiones microscópicas que no pueden ser observados directamente, salvo cuando en su movimiento orbital colisionan con la Tierra. La fricción con la atmósfera al caer hacen que se pongan incandescentes y se volatilicen total o parcialmente. Son los meteoritos o meteoros , en expresión popular, las estrellas fugaces.
La terminología exacta es de meteoroides cuando se hallan en el espacio en curso de colisión con la Tierra, meteoros cuando penetran en la atmósfera de la Tierra y meteoritos cuando logran sobrevivir al calor de la fricción y alcanzan el suelo. La misión de Observatorio Monte Ayora es estudiar y analizar estos fenómenos físicos y ahondar en el desarrollo de la astronomía y la astrofísica.
La metodología que empleamos en la observación nos permite hallar la densidad espacial de las corrientes meteóricas (número de partículas por unidad de volumen), calcular la relación que hay entre el número de partículas de una masa determinada y otra diferente, los parámetros orbitales de los meteoroides de una misma lluvia y la composición química de las partículas todo ello a partir de los análisis de las tasas horarias de aparición, la distribución de magnitudes o la determinación de radiantes. Con esta información somos capaces de relacionar cada corriente con su cuerpo engendrador, cometa o asteroide, y llevar un control de la actividad de las lluvias más importantes. |